
















Desde esta mirada, la vida era corta y había que aprovecharla. Juan, que murió a los 66, la vivió intensa. No venía de España, hacía veintitantos que andaba por las Américas. El yerno de Francisco de Aguirre lidió en la ocupación de Chile y supo ser alcalde de Santiago, una villa de todavía un puñado de habitantes. Pero allende las montañas del Naciente, supieron los conquistadores, había grandes páramos, ríos y bañados, salpicados de indígenas pacíficos.
Aventurarse era moneda corriente y un premio mayúsculo. Con mucho menos que los 168 que con Pizarro sometieron a Atahualpa en Cajamarca, el ambicioso Juan Jufré y Loayza, de familia de indianos mercaderes de Medina del Río Seco, acomodados con la Corte de Castilla, cruzó los Andes y llegó a Mendoza. Cómo enviado de Francisco de Villagra, el mandamás de la Capitanía General de Chile.
Mendoza, fundada en marzo de un año antes, fue la primera parada. Con cédulas y patentes suficientes para hacerse de tierras y encomendar indios, que no era otra cosa que someterlos a la servidumbre. Entre los totorales de Huanacache hubo el primer match, amistoso o no, las crónicas son imprecisas. Más al Oeste, mirando a las anchas montañas que separaban del confort de Chile.
La efemérides para la posesión y control del territorio: El 13 de junio de 1562 estaba soleado dicen las pinturas. Se repitió el rito de la cruz y la espada y en derredor había conquistadores recibiendo tierras y nativos.
Algunos apellidos de aquel hito persistieron y se mezclaron. Como Albarracín, los antepasados de Paula, la del telar, Quiroga o Mallea. Además de Echegaray (Juan fue uno de ellos, que rumbió para Jáchal 12 años después.
No había otra luz artificial que la vela y el candil. Para mitigar las largas noches donde los sueños se apoderaban de la ambición que emergía al otro día. En los imperios de España, como en la China del siglo 21, no se ponía el sol. Eran tiempos arduos, ese año una peste asoló a París y la Iglesia en México quemó los códices mayas sobre astronomía y otros saberes para destruir toda idolatría que no fuera el cristianismo.
Entre vientos y terremotos, en aquella San Juan de la Frontera, en ese territorio yermo, sobrante de aguas y fauna, había todo para ganar. La historiografía luego haría lo suyo, como en toda patria o reino, vistiendo a tanta ansiedad de oropeles y gestas, de cruces y espadas.
Pasarían dos siglos hasta la llegada del ferrocarril, la gran bisagra. Cuando San Juan, hoy imán de la minería mundial, se integraría con el Este argentino. Para dejar atrás aquellos albores chilenos alentados por el hambre español de leguas y oros. Jufré retornó a su Santiago querido, donde murió en 1578. Pero dejó todo atado y bien atado de este lado de los cerros, con su hijo Luis, como Corregidor de Cuyo y fundador de San Luis, 67 leguas al Oeste de San Juan.
Gracias a esos destinos de expansión es que hubimos y habemos sanjuaninos. Feliz Día y que salga rico el asado, compatriotas de la provincia.
*Daniel Bosque es director de CLUBminero.





















