














En 2025, Chubut exportó cerca de USD 4.000 millones, con fuerte peso de Combustibles y Energía, mientras que Santa Cruz superó los USD 2.900 millones con predominio de manufacturas industriales. Santa Cruz sueña con “envasar energía” en aluminio; Chubut convive con una de las grandes promesas argentinas de plata sin desarrollar. Las dos provincias lideran las exportaciones por habitante, ¿por qué no aceleran —con urgencia y reglas claras— los proyectos que podrían consolidar su salto industrial?
Ese lo, sin embargo, trae una pregunta que no es estadística sino política: ¿Qué hacemos con ese “músculo exportador” para lograr empleo de calidad y estabilidad fiscal? En 2025, Politikon Chaco (www.politikonchaco.com) informó exportaciones por USD 3.965 millones para Chubut, y USD 2.953 millones para Santa Cruz. En ambos casos, el punto interesante no es solo el total, sino la composición de la canasta exportadora.
Santa Cruz: MOI minera y salto industrial posibleEn Santa Cruz, el dato que rompe el prejuicio clásico es que las manufacturas de origen industrial (MOI) explican la porción más grande de las exportaciones provinciales: 71% del total santacruceño, según el mismo informe. En el anexo por rubros, eso se ve con números: MOI ~USD 2.094 millones sobre un total de USD 2.953 millones.
El “Proyecto Santa Cruz ALUMINIO” cuyo folleto de presentación (Ene/2026) propone una capacidad del orden de 750 mil ton/año de aluminio, con una inversión estimada de USD 2.600 millones y una demanda eléctrica aproximada de 1.300 MW, agua cercana a 1.500 m³/día, y una creación de empleo estimada en 1.500 puestos directos y más de 5.000 indirectos. De concretarse esta iniciativa de proyecto, que ya tiene varios años de historia la provincia podría incorporar otros USD 1.000 a 1.500 millones las exportaciones de MOI de la provincia.
Chubut: aluminio “real” hoy… Y energía en retroceso
Los números de 2025 muestran una economía exportadora más grande en monto total: USD 3.965 millones. Pero con una estructura distinta: Combustibles y Energía (CyE) aporta ~USD 2.135 millones, y las MOI ~USD
El informe de Politikon resume el desempeño con una frase potente: Chubut exporta “muy apoyada” por CyE, que explica 54% de su total.
En términos fiscales, las regalías hidrocarburíferas (en moneda constante) se vienen erosionando fuerte (se perdió el 25 % del ingreso por regalías en términos constantes entre 2024 y 2025, es decir bastante menos margen fiscal para obras/servicios); y ese tipo de tendencia, aunque tenga idas y vueltas, le mete urgencia a una idea básica: diversificar la matriz industrial de Chubut. No para “reemplazar” la energía de un día para el otro, sino para no quedarse con una estructura exportadora coja justo cuando el mundo demanda metales críticos y materiales industriales.
La plata que Chubut tiene… Pero no usa


Y mientras esa discusión se empantana, el mercado hace lo suyo: la plata pasó de promedios anuales en torno a USD 21,73/oz (2022) y USD 23,35/oz (2023) a USD 28,27/oz (2024). Para 2025, la London
Este dato no es una invitación a la fiebre del oro (o de la plata). Es, más bien, un recordatorio: cuando un recurso existe, y los precios acompañan, lo que se decide es el “cómo” y el “para qué” se extrae, bajo qué reglas, con qué controles y para qué modelo de desarrollo.
¿Por qué no se acelera lo obvio?
En Chubut, el desafío es aún más delicado: recuperar confianza. Porque el debate minero no se destraba con slogans. Se destraba con reglas ambientales claras (y verificables), con trazabilidad, con información pública en tiempo real, con distribución territorial de beneficios, con controles independientes, y con un compromiso explícito de que el desarrollo no será “pan para hoy, y pasivo ambiental para mañana”.
Dicho brutalmente: sin licencia social, no hay minería. Pero también vale la inversa: si no hay un diseño serio de desarrollo, empleo y transición fiscal, las provincias quedarán atrapadas en el declive de lo viejo sin poder construir lo nuevo.
Una agenda mínima para dejar de discutir en círculos
Si el objetivo es salir del círculo que plantea la siempre presente máquina de impedir, hay cuatro tareas que podrían ordenar el debate (y obligar a la política a hablar en serio):
1. Transparencia absoluta de datos: exportaciones por rubro, regalías, empleo, compras locales, consumo de agua/energía, impactos ambientales medidos y auditables.
2. Instituciones de control con credibilidad: capacidad técnica, independencia, presupuesto y ac-ceso público a resultados.
3. Promoción de encadenamientos productivos: proveedores, metalmecánica, logística, forma-ción técnica, universidad, ciencia aplicada.
Porque, al final, la paradoja es esta: la Patagonia exporta como región rica en recursos… Pero muchas veces debate su desarrollo como si fuera pobre en ideas.
Y quizás ahí esté la clave: Santa Cruz y Chubut no necesitan elegir entre “industrializar” o “cuidar el ambiente”. Necesitan demostrar —con proyectos concretos, controles serios y reglas estables— que pueden hacer ambas cosas a la vez. Si no, el emblemático ranking de exportaciones per cápita que muestran será apenas una curiosidad estadística: un podio lindo para mirar… Mientras las oportunidades pasan de largo.




























