Escribe Garzón: ¿Bolivia es definitivamente un Estado fallido?
La crisis política se agudiza en Bolivia y renacen las miradas multipolares sobre las causas de este fenómeno que no deja de preocupar a propios y extraños por la cada vez mayor saña de las manifestaciones callejeras y también digitales de una parte del país en guerra en el occidente y de otra parte en manifestaciones de hartazgo sobre las manifestaciones de occidente y de desesperación por llegar a una normalidad que se hace esperar indefinidamente.
Se han gastado torrentes de tinta y millones de megas para opinar sobre este cataclismo social y no se vislumbra una solución en el corto y mediano plazo. ¿hemos llegado a ser un Estado fallido a estas alturas del problema? Es la pregunta del millón.
Doscientos años buscando consolidar la república sin resultados definitivos, siempre la lucha entre un occidente con mayoría nativa empobrecida queriendo asomarse a los niveles ciudadanos, dirigida por remanentes de una burguesía minera que dominó el país después de la colonia y hasta los albores de la república(Los "Barones del Estaño”)
Y por otro lado, las élites descendientes de emigrantes asentados en las tierras bajas del país de alto potencial agro industrial y forestal, exitosas durante el boom de la goma hasta la naciente república, creciendo con la producción del grano de oro (la castaña) hasta nuestros días. Ambos lados queriendo consolidar el dominio racial y económico sobre la visión holística del entorno de los pueblos nativos.
Esto que parece una verdad de Perogrullo se repite en los valles sub andinos y en las planicies chaqueñas donde dominan resabios de grupos latifundistas y burgueses creados a su turno durante el boom petrolero, forestal y/o agrícola; grupos que luchan por arrimarse a sus vecinos orientales o a aquellos de las altas tierras cuando sus intereses coinciden con las de esas élites mas grandes.
Esto es el sumun de lo que vivimos hace dos siglos, visiones de desarrollo económico basadas en la explotación de recursos naturales con marcada tendencia de acumulación de riqueza y poder, típicos del sistema de acumulación capitalista. Varias regiones geo ecológicas, varias razas dominantes, varias historias que contar, varios genotipos y visiones de futuro…etc.
El leitmotiv de esta lucha tiene que ver con el dominio del excedente económico en el sentido de René Zabaleta, la plusvalía absoluta originada por la explotación de recursos naturales de Marx y otros clásicos, o el “government take” de los economistas post modernos (Ver Garzón D. 2025. Exploración y desarrollo minero. Paradoja existencial de Bolivia en el siglo XXI. Plural Editores, La Paz, Bolivia).
Quien maneja la plata es el que maneja el poder. Por eso vivimos el vaivén pendular entre posiciones políticas afines a estos extremos que originan la lucha sempiterna entre la izquierda y la derecha ya pasadas de moda, entre blancos y morenos, entre pueblos andinos y de las tierras bajas, entre ricos y pobres y un largo etc.
Por eso la alternancia (democrática o violenta) de gobiernos liberales y nacionalistas, ambos a su turno solo llegan a aprovechar del excedente con grupos clientelares y arrimados oportunistas mientras les dura el vaivén pendular; por eso el excedente que debiera ser la base para el desarrollo económico del país se desvanece y va a parar a las arcas de grupos burgueses de nueva cuna y nuevos millonarios de las logias dominantes.
“No existen países pobres, solo sistemas que han fallado en la gestión de los recursos” decía el economista norteamericano Noam Chomsky; “Lo que cuenta no es el tamaño del PIB (Producto Interno Bruto)de cada país sino como cada país es capaz de moverlo” reflexionaba René Zabaleta (Lo nacional popular en Bolivia, Plural Editores 2008 La Paz, Bolivia), hay dos vías de desarrollo del capitalismo (Junker o Formal) según prioricen el tamaño del excedente o cómo se lo mueva respectivamente.
Sin entrar en el detalle de este análisis, el excedente tiene que estar disponible y tener una infraestructura económica y física colateral que lo haga funcional al desarrollo del Estado. A lo largo de la historia el manejo poco ortodoxo a veces discrecional del excedente nos llevó a sendos fracasos y a la generación de burocracia y corrupción especialmente en periodos económicos de bonanza de precios de las materias primas, fuente principal de generación del excedente en el país.
Esa es la triste realidad de nuestra historia económica y la fuente de la diversidad racial, política, regional y económica que hace que quien tenga el poder acabe cuidando sus intereses de grupo antes que los intereses del país.
La crisis actual ha llegado a niveles peligrosos, después de veinte años de preminencia de las masas populares sobre las élites el querer cambiar de esquema es resistido fuertemente, la generación de nuevos grupos de poder económico y/o político como son los cooperativistas, transportistas, gremiales, cuentapropistas, comerciantes informales, interculturales, “chuteros” (comercializan autos de contrabando) etc., ven el peligro que se avecina con un cambio de perfil liberal peor aún si consideramos que el Estado es un conglomerado de 36 naciones indígenas en una estructura política de nueve departamentos cada uno con un gobernador que domina una estructura regional de provincias.
Estos a su vez se dividen en municipios (unidad política local más importante) totalizando 343 en todo el país; son de todo tamaño, identidad y población que deben participar de la torta del excedente. Si se consideran las autonomías indígenas, sus autoridades propias, sus diversas tradiciones y necesidades de apoyo, sus derechos ancestrales de tierra y territorio, etc., la participación del excedente se hace misión imposible, usando el lenguaje cinematográfico.
¿Cuál puede ser la solución?
En mi opinión el único camino a seguir pasa por aceptar que los tres bloques divergentes que se han mencionado líneas arriba no pueden responder a una política de desarrollo centralista como se ha visto a través de la historia por sus características dispares, estimo que deberían tener un nivel de desarrollo autónomo de acuerdo a sus características, sin derivar en separatismo desde luego.
Los intentos de autonomías actuales son muy tímidos porque obviamente se juega el control del excedente, pero hay que intentar en el futuro cercano el paso a estructuras regionales autónomas o federales como han hecho algunos de nuestros vecinos con resultados muy buenos. Este es un tema que sale del alcance de este comentario pero será tratado posteriormente para aportar al debate de este atávico problema nacional.
*Ingeniero geólogo, ex Ministro de minería y metalurgia de Bolivia.