Escribe Alonso: Los viejos manuales de Ciencias Naturales

#VOCES 19 de octubre de 2023 El Tribuno / CLUBminero
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Darwin, el padre de todos.

                                               RICARDO ALONSO







RICARDO N. ALONSO*

Por casi un siglo, desde mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX, la enseñanza de la geología y mineralogía estuvieron presentes en las escuelas primarias y colegios secundarios. Inexplicablemente, en la década de 1950 dichas materias fueron eliminadas de los programas de enseñanza.

Lo interesante a destacar es que desde al menos 1870 a 1950, la geología, mineralogía, petrografía, e incluso la historia de la geología, estaban de alguna manera presentes en los programas de las escuelas primarias, colegios nacionales, escuelas normales y liceos de señoritas.

El autor cuenta con una colección privada de un centenar de manuales, nacionales y extranjeros, que se utilizaron en la enseñanza y que sirvieron de base a este artículo que fuera la conferencia de apertura en el Primer Congreso Latinoamericano de Historia de la Geología llevado a cabo en octubre de 2023 en Tucumán.
Para el siglo XIX se trata mayormente de traducciones de textos franceses e ingleses.

IMG_7283Ricardo Alonso: San Antonio de los Cobres y su larga historia

Nos ocuparemos aquí de los publicados en el país. En algunos casos son textos de Geología, en otros de Mineralogía y Petrografía o de esas materias integradas en un solo volumen. En ellos, con la modestia de sus autores que generalmente les llamaban “obritas” (¡y algunos superan las 600 páginas!), dejaron parte de sus mejores pensamientos y reflexiones que tal vez les estaban vedadas en otros trabajos científicos. Lo importante a destacar es que si bien muchos libros de texto de uso escolar en el siglo XIX eran traducciones de libros de autores extranjeros, pronto fueron reemplazados por los escritos realizados por autores del país. Claro que muchos de esos autores no eran geólogos, ni doctores en ciencias naturales, sino químicos, farmacéuticos, botánicos, zoólogos y afines.

Hubo así una época en que los alumnos del primario recibían rudimentos científicos de geología y mineralogía, que venían incluidos en los manuales de Historia Natural. En 1899, Carlos María Biedma, publicó “Curso Gradual de Ciencias Físico-Naturales” (Angel Estrada y Cía., Editores, 164 p., Bs. As.), siempre con “arreglo a los nuevos programas aprobados por el Consejo Nacional de Educación”. Bajo el título “Mundo Inorgánico” (p. 61 a 96) se desarrolla lo geológico con descripción de los tipos de rocas y las eras Primaria, Secundaria, Terciaria y Cuaternaria, con hermosas y variadas figuras litográficas. ¡Lo interesante es que el librito era para Quinto Grado! Y su autor, abogado y pedagogo, tenía entonces 19 años de edad.

CUARZO LECHOSORicardo Alonso: El cuarzo lechoso de nuestros ríos

Pablo A. Pizzurno, notable educador y pedagogo argentino, publicó en 1902 la segunda edición corregida de “Ciencias Naturales: Botánica, Mineralogía, Geología” (Ed. Félix Lajouane, 162 p. Bs.As.), de Paul Bert, obra traducida del francés y adaptada por él al nuevo programa oficial.
Mi ejemplar contiene la firma de la niña Isolina Ibarra de 4to. Grado y por ello se deduce en qué grado se usaba. El librito habla de los minerales, sus usos y su presencia en el país. Los conceptos geológicos son simples y distingue terrenos antiguos y modernos, desde los “plutonianos” a los “neptunianos” con un bosquejo simple de la geología argentina. Curiosamente no habla de “diluvial” tan en boga entonces.

Clemente Onelli, el famoso italiano director del zoológico de Buenos Aires, escribió “Nociones de Geología” para segundo año de los Colegios Nacionales en 1905 (Ed. M. Biedma e Hijos, 88 p. Bs. As.). Aclara que es profesor de la asignatura en el Colegio Nacional Sud de la Capital Federal, o sea que ya se enseñaba la materia geología como tal. El texto está escrito de corrido, dividido en nueve capítulos, donde trata la formación del planeta, agentes dinámicos, estratigrafía, volcanes, terremotos, fósiles y las eras geológicas. Cuenta con abundantes dibujos y fotos del autor de Mendoza y Patagonia, quien se queja que “desde hace 40 años” los textos llevan ilustraciones de otros países (ej. La Calzada de los Gigantes, La Gruta de Fingal).

En 1926, Augusto Rouquette, doctor en Química, publicó su “Mineralogía y Geología” (Cabaut y Cía., Eds., 348 p., Bs.As.). Lo interesante es que la primera edición de este libro comenzó en 1903, lo que prueba la aceptación y vigencia de estas obras. Rouquette, en el prólogo, señala que desea que su libro sirva “para despertar el espíritu de investigación en nuestra juventud, y suscitar iniciativas en el estudio de la Geología”. Luego se explaya en conceptos filosóficos sobre la disciplina. Esta obra se utilizaba en instituciones religiosas y seminarios conciliares, tal vez porque la palabra “Creación” aparece en el prólogo y “Creador” en el epílogo.

CONO DE ARITAAlonso: Minerales maravillosos; Castañeda Nordmann: Gallinas y gallineros

En 1914, se registra la quinta edición de los “Elementos de Mineralogía y Geología” de Luis Orlandini (Escuela Tipográfica del Colegio Pio IX, 276 p., Bs. As.). El libro es muy completo, sencillamente escrito y bien ilustrado. En 1918, Alberto Peyloubet, profesor de Ciencias Físico Naturales, publicó su “Compendio Elemental de Mineralogía y Geología” (Talleres Gráficos Enrique V. Barderi, 422 p., Bs. As.). Dedicó las 256 primeras páginas a la mineralogía y petrografía y el resto a la geología. Al final presenta un interesante “Cuadro Sinóptico de las Formaciones Geológicas” argentinas desde el Arcaico al Cuaternario.

Hacia 1926 (sin fecha), el francés Juan Brethes, publicó sus “Elementos de Mineralogía” (Ed. Librería José Moly 166 p., Bs.As.), en su calidad de profesor de la Escuela Normal de Señoritas “Presidente Roque Sáenz Peña”. Brethes era un zoólogo, botánico y entomólogo que trabajó y tradujo al francés para Florentino Ameghino.  De interés es el capítulo XX donde ordena a los minerales por el elemento químico.

PORTADA ALONSORicardo Alonso: Libro de minerales imaginarios

En 1930, Raúl Cury, un químico, biólogo y farmacéutico, inicia las ediciones de sus obras “Mineralogía” y más tarde “Mineralogía y Geología” (Ed. Crespillo/Peuser) que van a alcanzar numerosas ediciones. Se caracterizan por su alto valor didáctico, especialmente en la clasificación y diagnosis de los minerales, ricas en ilustraciones, con dibujos de calidad y muy expresivos, con más de 500 figuras y 14 láminas. Una novedad son los cortes geológicos en algunas barrancas de Buenos Aires y descriptos como “Excursiones Geológicas” (ej., Luján, Riachuelo, Saladillo).

La cuarta edición de 1941 (424 p.), trae una “Historia de las exploraciones geológicas argentinas” (p. 393), dividida en cinco periodos desde la llegada de D’Orbigny hasta los estudios que se llevaban a cabo en 1937. En 1930 comienzan a salir los “Apuntes de Mineralogía y Geología” de Lamberto Berardi, un biólogo, químico y farmacéutico de Buenos Aires, que además fungía como “Presidente de la Asociación de Profesores de Mineralogía y Geología”.

En la década de 1940, se suprimió la mineralogía y la geología de los planes de estudios de las escuelas normales y colegios nacionales. Berardi se presentó al superior gobierno con un memorial que, entre otros argumentos, señalaba: a) Suprimir el estudio de la Mineralogía y Geología significa un retroceso en la orientación cultural que ilumina el espíritu de nuestra enseñanza, b) Suprimiendo la enseñanza de la Mineralogía queda trunco el concepto de naturaleza; c) La juventud argentina necesita ser orientada hacia las carreras profesionales que permitan activar el inventario de las riquezas naturales del país y d) La explotación minera del país exige la formación de técnicos argentinos y para ello es indispensable despertar la vocación en el periodo de la enseñanza media.

El Poder Ejecutivo Nacional se hizo eco del reclamo y volvió a instaurar la enseñanza de la Mineralogía y Geología en el tercer año del ciclo básico. El libro de Berardi, de 360 páginas, analiza los aspectos de la mineralogía y geología y tiene al final un capítulo sobre la historia de la geología argentina y una lista bibliográfica selecta.

En 1939, Ignacio Puig, jesuita español y director del Observatorio de San Miguel (Bs.As.), publicó su “Mineralogía” (Ed. Luis Lasserre, 288 p., Bs.As.). Se trata de una obra muy rica, didáctica y bien ilustrada. En 1940 da a conocer su “Geología” (Ed. Luis Lasserre, 346 p., Bs.As.), un voluminoso y bien ilustrado trabajo con un índice temático muy moderno para esa época. El valor agregado es un prolijo índice alfabético al final. Hay docenas de textos de otros autores como Julio Pinto, Juan Lara, F. López Carranza, Jorge Vidal, F. Cattaneo, etcétera.  Entre las obras escritas por geólogos notables, se destacan: Anselmo Windhausen (1930), Roberto Beder (1930), Pablo Groeber (1938), Cristian Petersen y Armando Leanza (1953), Erwin Kittl (1953), Edelmira Mórtola (1930), Josefa Peláez (1935), estas dos últimas las primeras geólogas y doctoras en geología de Argentina.

Los avatares de los cambios de programas en sucesivos gobiernos hicieron que las materias mineralogía, petrografía y geología fueran cambiadas, adaptadas y hasta eliminadas de la currícula, generando cambios en las ediciones de las obras como se refleja al realizar un análisis a lo largo del siglo XX.

Los viejos manuales de geología de la escuela secundaria son hoy una cantera excepcional para abrevar, desde otra faceta, en la historia de la geología argentina. El objeto físico libro es además portador de notables hallazgos para el bibliófilo. Caso de las primeras ediciones. En su interior se encuentran firmas, exlibris, anotaciones, estampillas, billetes, sellos de librerías ya desaparecidas, boletas de compra y otros elementos que permiten obtener valiosa información extra.

*Doctor en Ciencias Geológicas

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