Críticos: Turquía, la burbuja de tierras raras que faltaba

MINERÍA 11/07/2022 Por CLUBminero
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Un fantasma, de los más grandes posibles, recorre el mundo: La Tercera Guerra Mundial, si es que se viene, pone en jaque los minerales críticos. Justo cuando tanto los precisa la transición energética y la descarbonización.

Por eso hizo tanto ruido el anuncio sobre un hallazgo de "una enorme reserva de tierras raras en Turquía (Beylikova, Anatolia Central)". Tanto, que podría quebrar la hegemonía de China, y la importancia de Rusia, sobre los tan codiciados minerales estratégicos.

El yacimiento turco suma 694.000.000 ton de elementos de tierras raras. Recursos que lo convertirían en la segunda mayor reserva global luego de Bayanoba, en China, que alberga 800.000.000 ton. 

Turquía espera procesar en una primera etapa 1.200 toneladas anuales hasta llegar a los 570.000 toneladas de mineral al año (72.000 tn de barita, 70.000 de fluorita, 250 de torio).  El torio se perfila  como el combustible en las nuevas tecnologías nucleares.

 Beylikova incluye 10 de los 17 elementos de tierras raras. Y es un depósito low cost, el mineral está entre 50 y 100 cm. La planta piloto tardaría un año. 

En el cajón de las tierras raras —etiqueta algo confusa, ya que, como señala el Colegio Oficial de Geólogos, no se trata realmente de "tierras"— se incluyen elementos como el escandio, itrio, cerio, lantano, praseodimio, tulio, iterbio o samario, con múltiples y sobre todo valiosas aplicaciones en la industria tecnológica. Su papel es clave en el desarrollo de motores eléctricos, la elaboración de herramientas astronómicas o auriculares, altavoces, disco duros, ordenadores y sensores.

El consumo mundial de tierras raras para imanes llegaría a US$ 15.700 millones en 2030, cuatro veces más que hoy.

indispensables para la transición energética, no solo para las baterías de vehículos eléctricos sino para la  biomedicina y la seguridad nacional (industria aeronáutica y defensa espacial), un punto que se ha vuelto más sensible en tiempos de guerra y partición del mundo.

Occidente, especialmente EE.UU. y Europa descubrieron tardíamente la vulnerabilidad de su dependencia del suministro chino y la cuestión se ha vuelto un tema prioritario geopolíticamente. Las metas Net Zero y la tensión derivada de la guerra de Rusia en Ucrania convierten su búsqueda en una contienda mundial en tiempo de descuento. 


Estados Unidos, Canadá y otros países han establecido - a mediados de junio- una nueva asociación destinada a asegurar el suministro de minerales críticos, que son esenciales para la energía limpia y otras tecnologías, a medida que aumenta la demanda mundial. Esta alianza es considerada como una extensión metalífera de  la OTAN. 


La Asociación de Seguridad de Minerales, además de Canadá y los Estados Unidos, incluye a Australia, Finlandia, Francia, Alemania, Japón, Corea del Sur, Suecia, el Reino Unido y la Comisión Europea. Y lo que definieron, especialmente, es quienes no están invitados: Rusia y China.

La demanda global de minerales críticos alcanza hasta 126.000 ton/año. 

La AIE estima que la transición energética demandará el triple hacia 2040.

China controla el 90% de las tierras raras del mundo. Exportó en 2021 un +10.9% más de minerales estratégicos (US$ 127,6 millones, un 61,8% más que en 2020).

Turquía es la eterna bisagra. No sólo en aspectos geomilitares. No ha querido sumarse hasta hoy a la alianza occidental de los metales y la alianza occidental hará todo lo posible para sumarla y equilibrar el poderío en los mercados del BRICS en expansión.

En los últimos días hubo señales. Como el acercamiento diplomático turco con Israel. Turquía cooperó para frustrar los complots terroristas iraníes contra los turistas israelíes en Estambul y un acuerdo de aviación entre ambos países, que permite a las aerolíneas israelíes volar a Turquía.

Además Turquía levantó su objeción a que Suecia y Finlandia se sumen a la OTAN en un canje con las naciones nórdicas  por la extradición y control de opositores kurdos en el exilio.

La carrera es frenética. Estados Unidos y Europa, en mercados cada vez más enrarecidos y caros buscan garantizar sus cadenas de suministro. El anuncio turco es una luz divina en el horizonte.

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