











GONZALO PAGANO*
Hay noticias que no son solo noticias. Son baños de realidad. Que una empresa india le haya ganado a Techint una licitación estratégica no es una anécdota ni una discusión “importado vs nacional”.
Es una luz roja para todo el sistema productivo argentino. Un gasoducto de casi 500 km, clave para exportar gas de Vaca Muerta al mundo, fue adjudicado a Welspun con un precio 40% menor que el de Siat Tenaris. No hubo dumping probado, ni favoritismos estatales. Hubo competencia internacional real. Y perdimos.


El problema no es Techint. Es el Costo Argentino. Techint es una empresa de clase mundial. Si Techint no puede competir en precio, la pregunta es inevitable: ¿qué queda para una PyME argentina? que además suma % ineficiencia.
Presión fiscal real (OCDE – Revenue Statistics 2025)
+ 🇦🇷 Argentina: 29,1%
+ Promedio LATAM: 21,5%
+ 🇨🇱 Chile: 20,5%
+ 🇲🇽 México: 18,3%
+ 🇵🇾 Paraguay: 14,5%
No es solo cuánto se recauda. Es cómo, dónde y a quién. Resultado: costos artificialmente inflados, aun con empresas eficientes, que luego se traducen en precios más altos, menor inversión y menos empleo. El doble costo de la ineficiencia.
Pagamos impuestos de país desarrollado y recibimos servicios que obligan a gastar el doble en logística, seguridad y financiamiento. ¿Es culpa del gobierno actual? No necesariamente. Este problema se arrastra desde hace más de 60 años, con responsabilidad compartida entre Nación, provincias y municipios.
A eso se suma:
+ Trampa de la liquidez: inflación crónica → sobre-stock y capital inmovilizado
+ Voracidad de anticipos: el Estado se financia a tasa cero con el capital de trabajo
+ Saldos a favor que la inflación pulveriza mientras se espera su devolución
El dato social que duele (PyMEs cada 1.000 hab., IERAL–AFIP): 2013: 13,5, 2018: 12,5, 2020: 11,5, 2024: 11,2. La población crece. El entramado productivo se achica. Y con él, el empleo privado formal.
El mensaje del mundo fue claro: Welspun ganó por menor costo, mejores condiciones financieras, reglas claras y procesos respetados. Eso también es competitividad. Y eso es lo que miran los inversores cuando deciden dónde poner su capital.
Conclusión: profesionalizar o sucumbir. Si el contexto no ayuda, la gestión interna debe ser perfecta. No alcanza con trabajar más: hay que trabajar mejor. En Torch trabajamos ahí: liberar capital inmovilizado, gestionar descalces, automatizar procesos (RPA) y convertir datos en decisiones reales.
La pregunta final no es ideológica: ¿tu rentabilidad se la queda tu gestión o se la lleva un sistema diseñado para cobrarte más de lo que ganás?. El caso Techint no es una derrota empresarial. Es una advertencia país. El semáforo está en rojo. Y seguir acelerando no parece la mejor estrategia.
*Profesional con más de 20 años de trayectoria en posiciones de liderazgo en finanzas corporativas








































