Dreizzen: Guerras y mercados, en mutua dependencia
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán pasó rápidamente de ser un episodiogeopolítico a un shock económico, impactando en pocos días en los mercados energéticos, financieros y en el riesgo soberano. La suba del petróleo y del gas provocada por la guerra encarece la energía y el transporte, elevando los costos de producción en toda la economía y generando presiones inflacionarias.
Para contener esa inflación, los bancos centrales tienden a subir las tasas de interés, lo que encarece el crédito, reduce la inversión y el consumo, afecta la rentabilidad de muchas empresas y golpea a los mercados financieros, ya que los inversores anticipan un escenario de tasas más altas y menor crecimiento.
Esta combinación de mayor inflación y menor crecimiento económico también termina condicionando la duración del conflicto: para Estados Unidos, un petróleo demasiado alto alimenta la inflación y complica la política monetaria, por lo que tiene incentivos a evitar una guerra prolongada que altere el suministro energético global.
Para Irán, en cambio, mantener la tensión en el Golfo y en las rutas petroleras es una forma de generar presión económica internacional y elevar el costo del conflicto para Occidente. Así el resto de los países del mundo sufren las consecuencias de la guerra y pueden presionar a los participantes a interrumpirla. En ese sentido, la energía vuelve a convertirse en una variable central de la guerra: cuanto más sube el petróleo y más caen los mercados, mayor es el incentivo global para que el conflicto se resuelva rápidamente.
+ Petróleo: los ataques a infraestructura energética y a buques en el Golfo restringieron el tránsito en el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. El Brent volvió a superar los 100 USD/bbl, incorporando una fuerte prima geopolítica ante el riesgo de mayores interrupciones logísticas.
+ Gas: las tensiones en el Golfo afectaron exportaciones de GNL, especialmente desde Qatar, generando subas de precios y volatilidad en los mercados de Asia y Europa, principales consumidores.
+ Mercados financieros: las bolsas globales reaccionaron con caídas iniciales ante el aumento de la incertidumbre y el impacto potencial de energía más cara sobre inflación y crecimiento, con Asia entre las regiones más afectadas.
+ Estados Unidos: la menor dependencia energética tras la revolución del shale amortigua el impacto del shock petrolero, ya que precios más altos también benefician a su sector energético.
+ Argentina: el efecto es dual. El petróleo más caro mejora la economía de Vaca Muerta y el potencial exportador del país, pero la mayor aversión global al riesgo tiende a presionar al alza el riesgo país y a generar volatilidad financiera.
La suba del petróleo por la guerra impactó de forma diferente en las petroleras. Chevron (+4%) subió moderadamente, mientras TotalEnergies (+8%) tuvo una reacción más fuerte. La diferencia se explica en parte por el perfil de negocio: las grandes petroleras europeas tienen mayor exposición a trading internacional de crudo y GNL, un negocio que suele beneficiarse especialmente en contextos de alta volatilidad y disrupciones logísticas como las que genera un conflicto en Medio Oriente.
En Argentina, Vista (+8,6%) también subió con fuerza. El mercado la percibe como una compañía de shale oil puro y gran exportadora desde Vaca Muerta, por lo que un petróleo más caro mejora directamente sus ingresos y generación de caja. El caso diferente es YPF (-3,6%). A diferencia de Vista, es una empresa controlada por el Estado, por lo que el mercado descuenta el riesgo de que el gobierno no traslade plenamente la suba internacional del petróleo a los precios de combustibles. Además, YPF tiene una estructura más diversificada - refinación, combustibles y otros negocios - cuyos márgenes pueden comprimirse cuando sube el crudo.
*Director de Aleph Energy